INTERVENTIONS

Picasso's biblical roots

interventions ‒ 03 March 2026

Picasso traces his roots back to Burgos Cathedral

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The Beato Valentín Palencia Hall is hosting the exhibition Picasso’s  Radici Bibliche (Biblical Roots) from 3 March to 29 June at Burgos Cathedral in Spain. The exhibition brings together 44 works by the Malaga-born artist, focusing on biblical references and the influence of Catholic imagery in his work. They come from the private collection of the Almine and Bernard Ruiz-Picasso Foundation for Art (31 works). There are also works from the Picasso Museums in Barcelona and Málaga, the National Museum of the Reina Sofía Art Centre and the Thyssen-Bornemisza Museum. There is one work from Picasso Museum in Paris. The exhibition poster features Maternité, a 1921 work in which Picasso portrays his wife Olga holding their first son, Pablo, in her arms.

The exhibition has been organised by the Almine Bernard Ruiz-Picasso Foundation for Art, the Cathedral Council and the Consulado del Mar Foundation. It has been organised in collaboration with the Regional Government of Castile and León, the Provincial Council, Burgos City Council, La Caixa, the Caja de Burgos Foundation, the AC Marriot and the Recoletas Group.

Across six sections, Paloma Alarcó (Thyssen Museum), the exhibition’s curator, combines biblical themes with historical references to the Holy Family by artists such as El Greco, Murillo and Alonso Cano, reinterpreted by Picasso from an intimate and personal perspective.

Intervention by Cardinal José Tolentino de Mendonça

PICASSO, RAÍCES BÍBLICAS

 

Majestad

Arzobispo de Burgos, Don Mario, que me recibió en la tarde de ayer para darme personalmente la bienvenida

Arzobispo emérito de Burgos, Don Fidel

Deán y Cabildo Catedral

Almine y Bernard, co-presidentes de la Fundación FABA

Presidente de la Fundación Consulado del Mar

Alcaldesa de la ciudad de Burgos

Distinguidas autoridades civiles, militares, académicas y judiciales

Representantes de la sociedad cultural burgalesa y de su nutrido tejido empresarial

Señoras y señores

 

Medio siglo después de su muerte, una de las claves menos exploradas de la obra de Picasso son quizás sus preguntas radicales sobre la trascendencia. Se declaró sin fe, pero sin abandonar el sustrato de las imágenes y del poder simbólico de la tradición bíblica y cristiana. Esta paradoja no es un detalle marginal para la hermenéutica de su creación. Al contrario, es un punto sensible, una tensión generativa que atraviesa su producción artística y que la innovadora exposición acogida en la Catedral de Burgos saca finalmente a la luz de forma sistemática. Las imágenes no son neutrales: poseen una historia cultural, se nutren de códigos simbólicos preexistentes y reelaboran raíces comunes. Y las raíces no son poca cosa: hacen del suelo un espacio para la comunicación espiritual. Aunque discreta, heterogénea y silenciosa esta comunicación no cesa de ocurrir y merece ser reconocida como fuente de sentido.

La educación religiosa fue para él una experiencia sensorial. Las misas a las que asistía junto a su madre, la penumbra de las iglesias andaluzas y catalanas, el olor del incienso, los gestos de la liturgia, las imágenes sagradas que poblaban los espacios cotidianos: todo ello se depositó en su memoria corporal antes incluso de convertirse en objeto de reflexión intelectual. El catolicismo no era para él una fe profesada, sino un paisaje interior, un alfabeto del alma que precede y trasciende la creencia.

Picasso se inspiró en este alfabeto con una libertad que podría parecer irreverente, pero que en realidad es profundamente reveladora. Cuando Picasso pinta a una madre con su hijo, incluso fuera de cualquier intención religiosa, la composición lleva inscrito en sí misma el modelo de la Theotokos: la madre que sostiene, que protege, que ofrece. La sacralidad no es declarada, sino estructural: habita en la postura de los cuerpos, en la inclinación de la cabeza, en el gesto de las manos que envuelven al recién nacido.

La Biblia no era para Picasso una fuente de citas, sino una estructura profunda de su sensibilidad. El cuerpo de Cristo se convierte para él en un arquetipo del sufrimiento humano, una forma capaz de contener el dolor sin explicarlo. Las crucifixiones resurgen con fuerza en el ciclo de Guernica, donde las manos levantadas de las madres, el llanto de las mujeres y el gesto de piedad se inspiran en la retórica de la iconografía sacra. Como observó el teólogo Paul Tillich, Guernica muestra la condición humana sin ningún velo y, en este sentido, es quizás el mayor cuadro religioso de nuestro tiempo: no porque ilustre un dogma, sino porque toca el fondo de la experiencia del sacrificio.

Desde esta perspectiva, incluso los retratos de Picasso adquieren una dimensión inesperada. Los rostros que Picasso pintó y repintó a lo largo de toda su carrera, deformándolos, fragmentándolos, metamorfoseándolos, no pretenden destruir a la persona retratada, sino hacer visible lo que de ella se escapa a la superficie. En esto, Picasso se revela, quizás inconscientemente, heredero de una tradición que siempre ha buscado en el trazo del rostro el trazo de lo invisible.

 

La exposición se cierra con el tema de la esperanza, y es aquí donde el diálogo entre Picasso y la Biblia alcanza quizás su punto de máxima intensidad. L'Homme au mouton, la gran escultura del Hombre con el cordero realizada en el corazón del París ocupado por los nazis en 1943, es una obra que se relaciona explícitamente con la iconografía paleocristiana del Buen Pastor. Picasso se impuso el reto de revisitar un tema clásico relacionado con la tradición cristiana más antigua, la del pastor que lleva sobre sus hombros al cordero perdido, símbolo de la salvación y la misericordia. Junto a esta figura, las palomas que atraviesan toda su producción madura evocan un profundo simbolismo bíblico: la paloma de Noé que anuncia el fin del diluvio, la paloma del Espíritu Santo que desciende sobre el Jordán. En Picasso, la paz no es un concepto abstracto: es una imagen bíblica que se ha hecho carne en la experiencia de la guerra y en el deseo de fraternidad universal.

Esta exposición en la Catedral de Burgos es un extraordinario acto de diálogo cultural. El arte de Picasso y la Catedral de Burgos no se miran como extraños: se interrogan mutuamente, se abrazan en las diferencias, se iluminan recíprocamente cuando tienen que articular las preguntas últimas. Picasso, hijo de aquella España en la que, como escribió Apollinaire, el misticismo yace en el fondo incluso de las almas menos religiosas, nunca abandonó ese lenguaje primordial. Lo atravesó, lo reinventó, a veces lo trastocó, pero no lo abandonó. Quizás porque la experiencia artística requiere esa «mirada larga» de la que habla el papa León XIV.

En su nombre, como Prefecto del Dicasterio de la Santa Sede para la Cultura y la Educación, reciban su aliento y estímulo a seguir promoviendo un auténtico diálogo de las raíces cristianas con la cultura contemporánea.

Agradezco muy sinceramente la invitación de los organizadores de la exposición a estar hoy aquí presente entre todos ustedes.

Muchas gracias.

José Tolentino de Mendonça

Prefect of the Dicastery for Culture and Education